El Perú que quiero y en el que vivo – Lily Ku Yanasupo

Perú

¿No es verdad que a todos nos pasa que cuando vamos a recibir visitas, hacemos grandes esfuerzos por mostrar la mejor imagen de nosotros y de nuestro hogar? Pues así estuve sintiéndome yo, el último mes, sabiendo que iba a recibir a entrañables amigas extranjeras en casa. Y cuando digo “casa” no me refiero únicamente a ese espacio personal que habito todos los días, sino también al país del que soy ciudadana, a la ciudad en la que vivo y a la gente que conforma conmigo esta sociedad.

Pero, vamos, tengo claro que no se trata de tapar el sol con un dedo, tampoco de meter bajo la alfombra todo aquello que puede parecer problemático y feo, ni de minimizar los inmensos atrasos sociales y los temas pendientes en nuestro país. Sería imposible hacer algo así, pues basta con bajar del avión y salir del (“nuevo”) aeropuerto de Lima para darse cuenta de algunas de las cosas que nos agobian y de las desigualdades que imperan en la sociedad peruana.

Diría que quienes decidimos vivir fuera de la burbuja sabemos reconocer que “Lima, la gris” es caótica, informal y peligrosa, pero también sabemos que Lima no es el Perú. Y si bien salir de Lima es una oportunidad para constatar que los problemas que se padecen en la capital (como la falta de Estado, la ilegalidad, el desorden, la desidia y la pésima gestión pública) se multiplican en las otras regiones, también nos permite revalorar nuestra diversidad cultural en medio de bellos paisajes, majestuosas montañas, gente valiente y la rica fusión gastronómica (que una amiga calificó como “un orgasmo al paladar”).

Entre las personas y familias de estos pueblos ―no limeños― dejados a sus propias dinámicas de supervivencia, que tratan de adecuarse a la demanda de bienes y servicios de un turismo que los mira unas horas, unos días, para saciar su curiosidad por lo extraño, las brechas sociales se perciben sin atisbo de mejora, y esas son cosas que no se deben ocultar. Sería perverso pretender mostrar solo lo bonito e ignorar todo lo demás, o decir con una sonrisa que “nosotros” sí vivimos bien porque lo merecemos, haciéndoles creer a los demás que el desarrollo le llega a quienes realmente se esfuerzan y no pierden el tiempo en protestar. Nada de eso, nos guste o no, es verdad.

“Somos un país hermoso, con inmensos recursos y grandes potencialidades, que constantemente vemos desaprovechadas por individualismos y autoridades nefastas y corruptas”.

En cualquier caso, debo decir que me siento afortunada de tener amigas que no solo quisieron ver lo bonito, que también se interesaron por conocer, comparar y analizar; amigas con sentido social para mirar nuestra diversidad. Y es que, el Perú es un país muy complejo que siempre te lleva a la reflexión.

Un claro ejemplo de esto son los medios de transporte de Lima. Al respecto, hay quienes renegamos del pésimo servicio del metropolitano o del tren eléctrico, pues los usamos para ir al trabajo; pero mucha gente se moviliza con transporte alternativo que se desplaza por vías no preferenciales en toda la ciudad (buses, coasters, combis, colectivos y mototaxis), gastando horas de su vida en esos vehículos para llegar a sus empleos y hogares, en medio de la inseguridad ciudadana y la informalidad. Y hablamos de la principal ciudad del país.

Quiero mucho al Perú, no solo porque aquí nací y aquí está mi familia, sino también porque somos un país hermoso, con inmensos recursos y grandes potencialidades, que constantemente vemos desaprovechadas por individualismos y autoridades nefastas y corruptas. A pesar de todo, no podría hacerme la idea de vivir lejos de él; por eso, no me resigno a aceptar esas cosas, a aprender a ocultarlas o justificarlas.

La dicha de tener a mis amigas aquí, para mí ha sido una nueva oportunidad para mirar al interior, ordenar mis prioridades y reafirmar mi compromiso personal para seguir aportando en el bienestar de las personas y su desarrollo, para que todos ―no solo algunos― puedan vivir cada vez mejor. Y si algo he aprendido con esta visita es que, tan importante como tener amigos con quienes poder compartir la preocupación y el interés por estos temas, es saber comprometerse con las cosas que uno realmente ama.

* La fotografía que acompaña el diseño de la imagen abridora fue tomada por María Elvira Atienza Moyna en el Metropolitano de Lima (Perú), el 31 de julio de 2025.