La historia oficial del Perú —refiriéndonos de modo especial a aquella que se imparte desde muchas aulas escolares— está nutrida de numerosos mitos que buscan otorgar legitimidad a la existencia y proceder de determinados actores e instituciones, al mismo tiempo que adolece de omisiones que logran invisibilizar a sectores que, siguiendo los planteamientos de Gayatri Spivak, podemos clasificar como subalternos debido a su posición marginal en la construcción de las relaciones de poder en el país. El caso de nuestra gesta emancipadora es bastante ilustrativo al respecto, toda vez que los acontecimientos más recordados y festejados en el marco de las celebraciones por el Bicentenario de nuestra independencia, han sido precisamente aquellos en los que las élites criollas lograron un protagonismo que hoy se exalta con aires épicos.
En cuanto al antiguo valle de Jauja —hoy Mantaro—, aquí también se han silenciado hechos de singular trascendencia dentro de la narrativa histórica oficial, como nos demuestra claramente Alejandro Sánchez Sánchez en su reciente entrega denominada “La batalla de Ataura. El olvido de las montoneras de Jauja en la independencia peruana”, que ha visto la luz bajo el sello de la editorial Lliu Yawar. Como bien indica su título, el volumen desarrolla una bien fundamentada aproximación al cruento enfrentamiento ocurrido a orillas del río Yacus, un 12 de abril de 1821, cuando más de cuatro mil indígenas oriundos de nuestro territorio sucumbieron al hacer frente al ejército regular realista encabezado en ese momento por Jerónimo Valdés y Mariano Ricafort.

Numerosas son las virtudes del texto de Sánchez, que van desde el lenguaje ágil empleado en su redacción —haciéndolo así accesible al amplio público— hasta un manejo apropiado de las fuentes documentales, a pesar de su escasez y la información limitada que muchas de ellas contienen. Podemos destacar, así, el análisis que se hace de la carta remitida al día siguiente del enfrentamiento por el entonces gobernador de Jauja, Pedro José Gonzales, a Agustín Gamarra, comandante del ejército independentista, en donde se da cuenta de aspectos desconcertantes, desconocidos hasta el momento en la historiografía regional. Nos referimos, a guisa de ejemplo, al ajusticiamiento —entre el 9 y 10 de abril— de cuatro miembros de la milicia patriota en la misma plaza de Ataura a manos de los montoneros, quienes habrían reaccionado de ese modo ante el abandono de Gamarra y la tensión ocasionada por la inminencia del ataque realista.
“‘La batalla de Ataura. El olvido de las montoneras de Jauja en la independencia peruana’ constituye un texto de lectura necesaria para una revisión crítica de nuestra historia”
También resulta meritorio el esfuerzo que hace Sánchez para identificar con cuidado el lugar de la refriega del 12 de agosto de 1821, concluyendo que dicho escenario físico abarcó los parajes de Ataura Pata y Ataura Cucho, reconociendo su asociación con los restos del viejo Qhapaq Ñan de tiempos incaicos y señalando la vigencia de dicho camino al momento en el que ocurrieron los hechos estudiados. Por lo tanto, el volumen contribuye también a reconocer que los acontecimientos de la gesta emancipadora peruana —y sus respectivos desenlaces— estuvieron profundamente marcados por la impronta que dejó el sistema vial del Qhapaq Ñan.
En suma, “La batalla de Ataura. El olvido de las montoneras de Jauja en la independencia peruana” constituye un texto de lectura necesaria para una revisión crítica de nuestra historia, interpelando las narrativas dominantes y excluyentes que han caracterizado nuestro Bicentenario. Si bien su contribución habría sido mucho mayor de haberse incluido la transcripción paleográfica de fuentes novedosas como la citada misiva de Gonzales a Gamarra, la publicación del volumen es, de por sí, un acto reivindicativo de gran valía por parte de Alejandro Sánchez quien, como dice Sergio Cangahuala en el prólogo, le devuelve rostro y voz a los miles de nuestros antepasados indígenas que durante la guerra independentista derramaron su sangre en defensa de esta tierra y su comunidad, en condiciones precarias y abandonados a su suerte.
* Columna publicada en simultáneo con el portal aliado Hytimes.pe.